Tenía que trasplantarla, era grande, sola no podía. A él le encantaba cumplir el papel del hombre que hace, entonces, sábado a la mañana, mate, balcón, palita, bolsa de tierra nueva, maceta más grande. Todo listo, todo preparado.

A la semana siguiente, sola ya pero todavía con él, planté unas semillitas de morrón. Mi costado hippie que sigue latiendo en algún lado sueña con su mini huerta en el monoambiente de la mega urbe.

Ayer repasé mi acerbo botánico.

El morrón broto, la trasplantada se está secando.

No es sano ver toda tu vida en clave simbólica