Ayer fui a la verdulería
Tres tomates, dos zapallitos, un morrón rojo.
Mandale un beso a tu chico, me dice mientras me da el vuelto; no, ya no hay chico, le digo yo mientras guardo las monedas y pienso como voy a hacer para viajar a la mañana.
Me mira, me abraza y me dice, que mierda, mientras se seca las lágrimas.
Irme de la verdulería después de consolar al verdulero prometiéndole que ya voy a conocer a alguien que me quiera es lo más extraño de esta soledad.