Y él me llama, me dice que no esté mal, y una vez más vuelve a enumerar mis múltiples virtudes… y me dice que me quiere cuidar, porque me quiere, que no merezco estar así, porque me quiere, que me admira, que tengo que valorarme como él me valora, porque me quiere, y una vez más todo termina con ese tan conocido “pero no”. Pero no me quiere como él quiere querer, que eso no alcanza, que no es suficiente.
Y una vez más ese pero no vuelve a ser los pero no anteriores, los ya vividos, los ya olvidados
Y vuelve la certeza de que quizás no vale la pena buscar el si, la certeza de que la duda está instalada, que me ya se me hizo carne.